Índice
¿Qué es el zinc?
El zinc, también denominado cinc, es un oligoelemento esencial para el organismo humano. Aunque se necesita en pequeñas cantidades, participa en numerosos procesos biológicos indispensables para mantener un buen estado de salud.
Este mineral se encuentra presente en prácticamente todas las células del cuerpo y forma parte de la estructura o del funcionamiento de cientos de enzimas implicadas en el metabolismo, la síntesis de proteínas, la reparación de tejidos, la respuesta inmunitaria y la división celular.
El organismo humano no dispone de un sistema específico para almacenar grandes cantidades de zinc. Por ello, es necesario obtenerlo diariamente a través de una alimentación variada y equilibrada que aporte cantidades suficientes para cubrir las necesidades fisiológicas.
La absorción del zinc tiene lugar principalmente en el intestino delgado y su aprovechamiento depende de diversos factores dietéticos. Algunos compuestos presentes en los alimentos, como los fitatos de ciertos cereales y legumbres, pueden disminuir su biodisponibilidad, mientras que las proteínas de origen animal favorecen su absorción.
Debido a la gran cantidad de funciones que desempeña, el zinc es considerado uno de los micronutrientes más importantes para el crecimiento, el mantenimiento de la piel, la función inmunitaria, la fertilidad y la cicatrización de los tejidos.

Funciones del zinc en el organismo
El zinc participa en un gran número de procesos biológicos esenciales para el funcionamiento normal del organismo. Se estima que interviene como cofactor en más de 300 enzimas y participa en la regulación de miles de proteínas implicadas en el crecimiento, el metabolismo, la respuesta inmunitaria y la reparación de los tejidos.
Además de su función enzimática, el zinc contribuye a mantener la integridad de las membranas celulares, interviene en la síntesis del ADN y del ARN, favorece la división y diferenciación celular y participa en la síntesis de proteínas necesarias para el crecimiento y el mantenimiento de los órganos y tejidos.
Entre sus principales funciones destacan:
- Contribuye al funcionamiento normal del sistema inmunitario.
- Participa en la síntesis de proteínas y de ADN.
- Interviene en la división y reparación celular.
- Favorece la cicatrización de heridas.
- Contribuye al mantenimiento de la piel, el cabello y las uñas.
- Participa en el crecimiento y el desarrollo durante la infancia, la adolescencia y el embarazo.
- Ayuda al mantenimiento de la fertilidad y la función reproductiva.
- Interviene en el metabolismo de los hidratos de carbono, proteínas y grasas.
- Contribuye al mantenimiento de la función cognitiva normal.
- Ayuda a proteger las células frente al daño oxidativo.
Todas estas funciones explican por qué una ingesta insuficiente de zinc puede afectar a numerosos órganos y sistemas del organismo.

Beneficios del zinc y para que sirve
Zinc y sistema inmunitario
El zinc desempeña un papel fundamental en el funcionamiento normal del sistema inmunitario. Este oligoelemento participa en el desarrollo y la actividad de numerosas células de defensa, como los linfocitos T, los linfocitos B, los neutrófilos y las células NK (natural killer), implicadas en la respuesta frente a virus, bacterias y otros microorganismos.
Además, contribuye a regular la producción de citocinas, moléculas que coordinan la respuesta inmunitaria y la inflamación. Cuando existe una deficiencia de zinc, la capacidad del organismo para responder frente a las infecciones puede verse comprometida, especialmente en niños, personas mayores y personas con malnutrición.
Por este motivo, mantener una ingesta adecuada de zinc mediante la alimentación es importante para el correcto funcionamiento del sistema inmunitario. Sin embargo, en personas sin déficit demostrado, los suplementos de zinc no sustituyen una dieta equilibrada ni previenen por sí solos la aparición de enfermedades.
Te puede interesar:
Conoce los distintos tipos de magnesio
Zinc y cicatrización de heridas
El zinc participa en numerosos procesos implicados en la reparación de los tejidos. Este oligoelemento interviene en la síntesis de proteínas, la división celular y la producción de colágeno, mecanismos esenciales para una correcta cicatrización.
Además, contribuye al mantenimiento de la integridad de la piel y favorece la regeneración del tejido tras pequeñas lesiones cutáneas. Por este motivo, una deficiencia de zinc puede retrasar la cicatrización y aumentar la susceptibilidad a desarrollar alteraciones de la piel.
No obstante, en personas con un estado nutricional adecuado, el consumo de cantidades superiores a las recomendadas no ha demostrado acelerar el proceso normal de cicatrización.
Zinc para la piel, el cabello y las uñas
El zinc es un mineral esencial para el mantenimiento de la piel, el cabello y las uñas. Participa en la división celular, la síntesis de proteínas y la producción de queratina, procesos necesarios para la renovación de los tejidos.
En la piel, contribuye a mantener la integridad de la barrera cutánea y participa en los mecanismos naturales de reparación. Además, interviene en la actividad de enzimas antioxidantes que ayudan a proteger las células frente al daño producido por el estrés oxidativo.
En el cabello, una deficiencia de zinc puede asociarse a una mayor fragilidad y a determinados tipos de caída capilar, especialmente cuando existe un déficit nutricional. Del mismo modo, niveles insuficientes de este mineral pueden favorecer la aparición de uñas frágiles o quebradizas.
No obstante, en personas con un aporte adecuado de zinc, los suplementos no han demostrado mejorar el crecimiento del cabello ni fortalecer las uñas de forma generalizada. Por ello, antes de recurrir a la suplementación, es recomendable valorar si existe una deficiencia nutricicional o una causa médica que justifique su uso.
Si te interesa conocer el papel de otros oligoelementos en el cuidado cutáneo, puedes consultar nuestro artículo sobre los minerales más importantes para cuidar la piel.
Zinc y el crecimiento y desarrollo
El zinc es un oligoelemento esencial durante las etapas de crecimiento, ya que participa en la división celular, la síntesis de proteínas y la formación del ADN, procesos indispensables para el desarrollo normal del organismo.
Durante la infancia y la adolescencia, una ingesta adecuada de zinc contribuye al crecimiento de los tejidos, al desarrollo del sistema inmunitario y a la maduración de diferentes órganos y sistemas. Asimismo, este mineral desempeña un papel importante durante el embarazo, especialmente en el crecimiento y desarrollo del feto, motivo por el que las necesidades de zinc aumentan durante la gestación y la lactancia.
La deficiencia de zinc puede provocar retraso del crecimiento, alteraciones en la maduración sexual y un mayor riesgo de infecciones, especialmente en niños con malnutrición o en poblaciones con una ingesta insuficiente de este mineral.
En los países desarrollados, una alimentación variada suele aportar cantidades suficientes de zinc. Sin embargo, determinados grupos de población, como las personas con dietas muy restrictivas o con enfermedades que afectan a la absorción intestinal, pueden presentar un mayor riesgo de deficiencia.

Zinc y la protección frente al estrés oxidativo
El zinc contribuye a proteger las células frente al daño oxidativo, aunque no actúa como un antioxidante directo. Su función consiste en participar en la actividad de diversas enzimas y proteínas que ayudan al organismo a neutralizar los radicales libres y a mantener el equilibrio entre los procesos oxidativos y los mecanismos de defensa celular.
Gracias a este papel, el zinc contribuye a preservar la integridad de las membranas celulares, las proteínas y el material genético frente al daño producido por el estrés oxidativo. Este proceso está relacionado con el envejecimiento celular y con el desarrollo de diversas enfermedades crónicas.
Mantener unos niveles adecuados de zinc mediante la alimentación favorece el correcto funcionamiento de estos sistemas de defensa. Sin embargo, las investigaciones disponibles no respaldan que la suplementación con zinc, en personas sin deficiencia, proporcione una protección antioxidante adicional.

Cantidad diaria recomendada de zinc
Las necesidades de zinc varían según la edad, el sexo y determinadas situaciones fisiológicas, como el embarazo y la lactancia. Mantener una ingesta adecuada es importante para garantizar el correcto funcionamiento de los numerosos procesos biológicos en los que participa este oligoelemento.
En personas sanas, una alimentación variada suele ser suficiente para cubrir los requerimientos diarios de zinc, especialmente cuando incluye alimentos de origen animal, que aportan una forma de zinc con mayor biodisponibilidad.
Las personas con dietas muy restrictivas, trastornos de absorción intestinal o un consumo elevado de alimentos ricos en fitatos pueden presentar un mayor riesgo de ingestas insuficientes.
Ingestas diarias recomendadas
Aquí actualizaría la tabla utilizando las recomendaciones actuales de la EFSA, ya que son las que se utilizan como referencia en Europa.
| Grupo de población | Zinc (mg/día)* |
|---|---|
| Lactantes (7-11 meses) | 2,9 |
| Niños (1-3 años) | 4,3 |
| Niños (4-6 años) | 5,5 |
| Niños (7-10 años) | 7,4 |
| Adolescentes | 8,5-14,2 |
| Mujeres adultas | 7,5-12,7 |
| Hombres adultos | 9,4-16,3 |
| Embarazo | +1-3 mg según trimestre |
| Lactancia | +2-4 mg |
*Las recomendaciones de la EFSA varían en función del consumo de fitatos de la dieta, ya que estos compuestos disminuyen la absorción del zinc.

Deficiencia de zinc
La deficiencia de zinc puede aparecer cuando la ingesta a través de la alimentación es insuficiente, cuando existe una disminución de su absorción intestinal o cuando aumentan las necesidades del organismo, como ocurre durante el crecimiento, el embarazo o algunas enfermedades.
En los países desarrollados, una dieta equilibrada suele aportar cantidades suficientes de zinc. Sin embargo, determinados grupos de población presentan un mayor riesgo de déficit y pueden requerir una valoración nutricional individualizada.
Síntomas de la deficiencia de zinc
La falta de zinc puede afectar a numerosos órganos y sistemas debido a las múltiples funciones que desempeña este mineral en el organismo. Entre las manifestaciones más frecuentes se encuentran:
- Retraso en la cicatrización de heridas.
- Mayor susceptibilidad a infecciones.
- Dermatitis y otras alteraciones cutáneas.
- Caída del cabello.
- Uñas frágiles.
- Disminución del gusto y del olfato.
- Retraso del crecimiento en niños y adolescentes.
- Alteraciones de la fertilidad masculina.
- Pérdida del apetito.
- Fatiga y debilidad.
La aparición de estos síntomas no siempre indica una deficiencia de zinc, ya que pueden estar relacionados con otras enfermedades o carencias nutricionales. Por ello, el diagnóstico debe realizarse mediante una valoración clínica y, cuando sea necesario, con pruebas complementarias.
¿Quién tiene mayor riesgo de presentar deficiencia de zinc?
Algunos grupos de población presentan una mayor probabilidad de desarrollar un déficit de zinc, entre ellos:
- Personas mayores.
- Embarazadas y mujeres en periodo de lactancia.
- Vegetarianos y, especialmente, veganos con dietas poco planificadas.
- Personas con enfermedades inflamatorias intestinales o síndromes de malabsorción.
- Pacientes con enfermedad renal crónica.
- Personas con consumo excesivo de alcohol.
- Individuos con desnutrición o dietas muy restrictivas.
En estos casos, una alimentación adecuada suele ser la primera medida para corregir el déficit, reservando la suplementación para aquellos casos en los que exista una indicación médica o nutricional.
Bibliografía:
Baddam S, Maxfield L, Shukla S, Crane JS. Zinc Deficiency. 2025 Aug 2. In: StatPearls [Internet]. Treasure Island (FL): StatPearls Publishing; 2026 Jan–. PMID: 29630283
Stiles LI, Ferrao K, Mehta KJ. Role of zinc in health and disease. Clin Exp Med. 2024 Feb 17;24(1):38. doi: 10.1007/s10238-024-01302-6. PMID: 38367035; PMCID: PMC10874324.
